Un lunes cualquiera

Que poca madre pienso cuando las luces del autobús se encienden para indicarnos que estamos próximos a llegar a nuestro destino, corro las cortinas vamos a la altura del Fortín, una vez más me invade esa sensación que voy llegando a una playa no sé por que pero soy preso de estar cerca del mar y mi mente espera ese olor salado de mar el cual no llega y es cuando pienso que es un fiasco mi sentir. Bajo del autobús, mis ojos recorren la terminal con la intención de verificar como funciona, me siento contento al ver que no hay ningún problema de operación, salgo y tomo el taxi, le hago la platica al señor, este da por hecho que soy nativo del lugar y platicamos de la problemática Oaxaqueña. Llego al depa, abro las maletas cuelgo mi ropa y me dispongo a dormir un rato más, suena la alarma, prendo la tele, me despabilo, me meto a baño y me doy cuenta que se termino jabón, salgo tomo una pastilla nueva, con la finalidad de no desperdiciar, decido apretar bajo el agua lo que sobra de la pastilla y unirlo a una masa amorfa de sobras de jabón, una vez más me doy cuenta que no sirve de mucho para enjabonarse como se debe y termino abriendo la nueva pieza, mientras me pregunto como le hace mi compañero para terminársela sin desperdiciarla, por alguna razón termino guardando esa colección en vez de tirarla, me visto y me lanzo a desayunar, llego a la oficina, mi compañero esta como neurótico tratando de poner orden a los pendientes, es tal su deseo de que las cosas salgan rápido que se hace camotes, me dedico a hacer mis deberes del lunes, armar presentaciones y atender mis áreas.

Llega la hora de la papa, como con prisa tengo que ir al banco para realizar mis pagos, llego y me formo mientras espero leo la señalitica del lugar y me pregunto el por que hacen dos filas una para los que tienen cuenta y la otra para los que no, si el servicio es igual de pésimo independientemente de la fila, al llegar la caja veo un escote maravilloso sin quitar la vista de esos pechos le indico cuanto y a que tarjeta se debe depositar, salgo contento y con el lívido prendido por el escote, al legar al primer esquina una viejita me pide limosna, le doy 10 pesos, continuo viendo a las chicas cuando otro niño me pide una moneda saco otra de diez y sigo mi camino, ahora un viejito me pide ayuda meto la mano a la bolsa y me doy cuenta que no tengo ya monedas, con toda l pena le digo que se me termino el cambio, me ve con cara de molestia y apresurando el paso me escapo de su vista. Llego a la oficina y continuo con mis actividades, dan las 7 de la noche, me siento cansado con la finalidad de enfriarme escribo este post y para irme a casa. Recuerdo el escote y eso no fue lo de un lunes cualquiera.

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