Hoy me entere que “El nivel” ha cerrado sus puertas, cierta tristeza me invadió ya que en esa cantina pasé gratos momentos. Todo comenzó con el comentario de un conocido de que había ido a tomar a la primera cantina de la Ciudad de México como buenos borrachos Kike y yo inmediatamente planeamos la visita. Cualquier expectativa que uno se pudiera hacer de esta cantina era sobre pasada al entrar en ella, esas paredes pintadas de verde chocoreta, la cantidad de cuadros y objetos que parecían el recuerdo de viejas glorias, el mobiliario y los meseros te transportaban a otro mundo, un mundo viejo que invitaba a conocerlo, algún conocido me dijo que era como entrar a una cantina estilo de las películas de la pulquería.

En esa ocasión Kike y yo nos miramos desconcertados, esperábamos algo mejor y acordamos solo tomar un trago por lo que nos instalamos en la barra. Apenas nos vio el mesero y ya teníamos un platito con cacahuates, nos tomo la orden y vimos fascinados la forma en que trabajaba el lugar, todo lo que se pedía en las mesas era pedido en la barra y pagado al momento de entrega, los meseros que atendía la barra le decían que era lo que pagaba a un viejito quien marcaba en una caja registradora una cantidad se abría la caja depositaba el dinero y la cerraba, una vez acostumbrado a este movimiento, te dedicabas a ver los cuadros, fotografías y objetos que adornaban las paredes, mientras tus ojos descubrían el lugar te dabas cuenta que a pesar de lo viejo del lugar la mayoría de los comensales eran jóvenes, lo que le daba un ambiente fresco y te daba confianza, ya con esa confianza uno se animaba a preguntarle al mesero si era cierto lo que era la cantina más vieja de la ciudad, quien te decía que si, mientras te señalaba el lugar donde tenían una copia fotostática del permiso el cual por sus condiciones era difícil de leer ya que el documento daba muestras del paso del tiempo y terminabas aceptando esa verdad por la letra manuscrita, ya para esto ya estábamos en la segunda ronda y entre comentarios surgió la platica con uno de los comensales y así nos enteramos que el viejito que atendía la caja era el dueño y que se llamaba Jesús Aguirre y que en sus tiempos mozos era un agente muy temido, que las bebidas del lugar eran el “Nivelungo” y la “Patada de mula”, que ese lugar también era conocido como la cantina de los presidentes ya que era una costumbre que el presidente en turno la visitara (me parece que Fox no siguió con esa tradición) y que era lugar de reunión de gente famosa que al momento de entrar convivían de tu a tu con la persona más humilde; al final de la noche partimos bien pedos con la promesa de volver y así en visita y visita conocimos a Don Rogelio, Doña Guillermina, el Brujo, el Botanero y Don Francisco que tenia una forma muy particular de presentarse por su parecido con Colosio. Con el paso del tiempo también nuestras novias comenzaron acompañarnos y termino siendo el centro de reunión antes de ir a antrear cuando en el Centro Histórico prolifero un buen de antros fresas.

El 30 de diciembre de 1999 Kike, Lola, Yola y su servilleta, nos reunimos con la finalidad de celebrar la amistad y desearnos un feliz año, en medio de la peda hicimos un pacto en cual nos comprometíamos cada fin de año a hacer un brindis por el amor, amistad, la vida y la esperanza sin importar el lugar y si estuviéramos juntos. Irónicamente ese día fue la ultimas vez que estuvimos juntos dos meses después Kike partía acompañar a San Pedro y dos años después Lola lo alcanzaba. Desconozco si Yola hace este brindis, en mi caso año con año lo hago, quizá muchos piensen que es algo idiota el seguir una promesa derivada de una peda, pero la verdad es que creo que este tipo de cosas son las que dan sentido a vida.

Cuando regrese en noviembre de Oaxaca, lo primero que fui hacer fue visitar el nivel ese día tuve una de las conversaciones más interesantes de mi vida sobre religión. El 31 diciembre tenía la intensión de ir a comer a esta cantina, la llamada de un amigo que sufre del mal de amores me hizo cambiar el plan, después de comer le comente que como cábala quería ir a tomar un trago al Nivel, no tuvo inconveniente en acompañarme al llegar nos encontramos con el lugar cerrado, por lo que partimos al Majestic, no sé si por lo mal que estaba mi amigo, el ruido del zócalo con la pista de hielo no me sentí cómodo en mi brindis, por lo que después de despedirnos termine haciendo mi brindis en solitario en una cantina que esta a un lado del metro Allende, donde me prometí ir al nivel en febrero con el pretexto de mi cumpleaños. Hoy al leer el Universal me entero que cerro las puestas la cantina … ya ven uno propone y Dios dispone.

Lo cierto es que al igual que el Salón México con su anuncio en que decía “No tire las colillas en el piso por que las damas se queman los pies” o los baños del Hotel Regis donde la clase política mexicana acudía al bañarse y desayunar o quizá el ir a la Parroquia (Veracruz) a tomar café antes de que la disputa familiar terminara haciendo que existieran dos Parroquias, El Nivel adquiere el misticismo de haber sido la cantina más vieja de la Ciudad de México, donde platicar con los Nivelungos en la barra e ir a brindar el último día del año era un placer y estando en la peda el imaginar que al abrirse sus puertas uno pudiera ver al Presidente de México … ¡Salud!.

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