No puedo decir que conocí a Alejandro Aura, un día del año 1998 coincidí con él en una reunión; platico por hora y media, al salir estaba fascinado por su plática y calidad de ser humano. Siempre pensé que volvería a coincidir con él. Hoy murió y eso ya no será posible, quedo su obra y los videos de los programas de televisión que hizo y en el fondo de mí ser, el deseo volverlo a ver para aprender de su magnifica plática. Gente como él, pocas, se le va extrañar, maestro.

No se puede escribir si se está triste,

el oficio se atasca, predomina la línea pedregosa

por la que no puede fluir ni una palabra cierta,

el paisaje es escombro de nombres sin sentido

y los ojos erráticos no se pueden fijar en cosa alguna,

transcurre un coche despacio por el siglo pasado de la

ventana

y se lleva arrastrando la poca magia que la imaginación,

sirvienta remolona del deseo, estaba queriendo construir

y queda sólo un tiradero de añicos vidriosos y salados,

no hay nada tan triste como un poeta triste

tratando de escribir en su tristeza.

Triste de Alejandro Aura

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